miércoles, 9 de septiembre de 2009

Autobiografía de lector

I
Mi primer libro tenía un tiburón en la portada. Mamá se quedó boquiabierta cuando le pedí que me lo comprar en vez del VHS de Dragon Ball. La verdad es que hacía un par de semanas que acababa de ver la película de Spielberg y mi única intención era encontrar imágenes de un tiburón en esa pequeña novela infantil de terror de la serie Escalofríos de R.L. Stine. Aún no tenía diez años y yom era un niño de la generación Nintendo, así que no pidan demasiado. Grande fue mi decepción al no encontrar en su interior ni una sola imagen. Pero ya estaba hecho, el libro estaba en mi cuarto y mamá no iba a aceptar cambiarlo por el VHS de Dragon Ball; así que ya no me quedaba otra opción y me puse a leer.

II
1999. Estaba en quinto de primaria y ya iba camino a convertirme en un devorador de libros. Habían caído en mis manos, por obra y gracia de las amigas de mamá, Fuente Ovejuna, las coplas de Manrique, La vida es sueño, el Cantar del Mío Cid y las Novelas Ejemplares de Cervantes. Me lo soplé todito en dos semanas. Me encantaba leer. Yo era, soy y seré siempre un cero a la izquierda en los deportes, por lo que la lectura era mi única escapatoria a mi mundo de frustración. Ya se sabe que si no eres bueno en el fútbol en el colegio, pasas automáticamente a ser el monse del salón. Y me dediqué a leer, hasta que me di cuenta que las matemáticas se me hacían muy fáciles y que como ingeniero podría ganar más dinero.

III
Me siento largamente complacido de haber hecho una adaptación en diez minutos de Don Juan Tenorio manteniendo la estructura en verso. Con mi cara fea y redonda y mi pelo trinchado, hice de Don Juan. Y aprobé literatura con la más alta nota del salón.

IV
Papá quiso que lo acompañara a Villa El Salvador. Nosotros vivíamos en el Callao: eran más de dos horas de viaje en bus, solo de ida. Al regresar, me faltaban solo un par de páginas para terminar mi primera lectura de Cien años de soledad.

V
El primer poema que escribí tenía en el undécimo verso la palabra “crepúsculo”. Meses después leí los 20 poemas de Neruda y me hizo odiar esa palabra, que me parece la más horrible del castellano. Ese primer poema (bonito pero cebolla, según un comentario anónimo por Internet que nunca llegué a entender) está escondido en u cajón del que ya me olvidé.

VI
A veces, en la madrugada, hay una picazón en manos y ojos que le gana al sueño. Me levanto de la cama y camino hasta mi biblioteca personal. ¿Qué quiero leer hoy? ¿Los cómics de Spider-Man o los Diálogos de Platón?



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