miércoles, 2 de septiembre de 2009

Prisión

(Mi carrito que se escapa de las calles borrosas)


Los hombres de esta ciudad han olvidado que la dirección del viento es guiada por sus propios pasos. Estos mismos hombres que olvidan que la sonrisa y la música es la mejor forma de hacerle frente a las horas interminables de un día fastidioso.

Caminar es siempre el privilegio de los reyes. Caminar tranquilos, pacíficamente, sin preocuparse de llegar tarde a casa (antes que empiece la novela), al trabajo (antes que te descuenten el sueldo) o a la universidad (antes que el profe te cierre la puerta). Caminar feliz (¿tan difícil es practicar esa palabra?) entre los cláxones de los micros (¿cuándo dejarán de hacerlo? ¿no se supone que ya está prohibido?) y los golpes de las personas cortando el viento en los paraderos.

Hombres que olvidan lo sencillo de dar un paso y se pasan (ironía del lenguaje) el tiempo sentados en los micros, mirando por las ventanas a las personas que corren a ninguna parte, atrapados en el tráfico de la Arequipa a las siete de la noche sin escapatoria a un sueño digno ni a 28 de julio.



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